… ¿Me ha sonreído? ¿Me ha visto? Son preguntas redundantes, está claro que sí. Eso no era una sonrisa casual, si no con toda su intencionalidad, y sus ojos me miraban desde el reflejo del espejo. ¡Mierdamierdamierda…..! ¿Ahora que hago? Me dirijo a gatas hacia la puerta que me devuelve a la negrura del edificio. Espero que ningún vecino se cruce conmigo y me vea la cara más colorada que una lata de “Coca-Cola”

VIERNES

     Anoche no subí a la azotea. El irracional miedo pudo con una costumbre que tengo de hace años; y todo por mi estupidez. ¿Quién me mandaba mirar hacia su ventana? Y sin embargo, seguí haciéndolo incluso a sabiendas que eso estaba mal. ¡Que ya no soy un crío para andar espiando cómo se desnuda una chica! Pero… No se trata de eso. María tiene algo, algo que no sé describir, pero no puedo apartar la mirada de ella, no se trata de simple pulsión sexual ni nada por el estilo, pero ahí hay algo, un aura, un “no sé qué” que qué sé yo.

Anoche no subí comido por la vergüenza, y como era de esperar, el haber salido de mi rutina hizo que me fuese muy difícil conciliar el sueño. Es por eso que hoy he decidido vencer mis miedos y volver a mi azotea. Pero esta vez, me quedaré mirando hacia otro lado. Por fortuna, el espacio es bien grande, y no tengo por qué mirar hacia donde siempre lo hago.

Comienzo el ritual: enciendo el cigarro mientras repaso el día, e intento expulsar los vergonzosos recuerdos con las primeras bocanadas de humo. Dejo mi mente en blanco mientras contemplo el horizonte y… noto en seguida que algo va mal: hago bien mirando hacia un lado distinto, pero me doy cuenta que el sol no se pone por allí, y se pierde una parte importante entonces de este, para mí, sagrado rito. Creo que fue Óscar Wilde el que dijo “La mejor manera de evitar la tentación es caer en ella”, y es por eso que me dirijo mi vista al lugar de siempre, pero decido hacerlo apartado de la barandilla, quedándome en medio de la azotea; total, desde aquí, las vistas tampoco están tan mal. Mente en blanco de nuevo, dejándome acariciar por la brisa del anochecer, y viendo el anaranjamiento de los edificios y el cielo mientras el Sol se despide de mí hasta mañana.

El hombre es un animal de costumbres, y es por eso que, sin darme cuenta, vuelvo a estar apoyado en la barandilla, observando el anochecer. Por el rabillo del ojo veo cierta ventana iluminarse, pero no voy a caer, esta noche no dirigiré mi mirada a…. María…

¿A quién pretendo engañar? Estoy totalmente hechizado por ella. ¿Puede ser? No quiero creerlo, pero sé que es así: ¡Me he enamorado de ella! “¡No seas estúpido!” Me riño “No la conoces de nada: sólo sabes que se llama María porque la has investigado como un vulgar maníaco acosador. Eso, y que llevas un tiempo mirando cómo se desnuda. No puedes estar enamorado, no es razonable” Más razón no puedo tener al reñirme a mí mismo, y sin embargo, cuanto más lo pienso, más me repito: ¿Es enamorarse un acto razonable? ¿Es un sentimiento en el que impera el cerebro, la razón, la inteligencia, o incluso una explicación científico-físico-química?  No lo sé. Sólo sé que no puede evitar el mirarla.

Ahí está de nuevo. Anoche, al no verle, temí que le hubiese pasado algo, pero ya veo que no es así, y me alegro. Es muy raro: no debería alegrarme de verle: este tío lleva viendo cómo me desnudo noche tras noche. Debería estar enfadadísima con él, por cerdo. Sin embargo, no le he visto ninguna actitud propia del típico mirón salido; de hecho, parece un chico bastante normal, ¿debería romper el hielo y saludarle? No sé si será sano: al fin y al cabo, el otro día con sólo una mirada y una sonrisa se me cayó de culo al suelo y ya no le volví a ver. ¿Le dará un infarto si le digo algo? Pero he de decirle algo. darle a entender que no estoy enfadada, pero que me gustaría que me conociera algo más allá de mi cuerpo desnudo.

¡Ya está! Volveré a ponerme en el mismo ángulo del espejo del otro día. Parece que tiembla, o habrá sido un escalofrío al notar que nuestras miradas se cruzan. Le sonrío sin malicia esta vez, me giro, y le lanzo un beso… ¡qué mono! se ha quedado boquiabierto, y se le ha caído el cigarrillo de la boca…. “¡chico, reacciona, respira o cierra la boca, que se te van a meter ahí todas las moscas del barrio!” pienso para mí. Tras unos interminables segundos, reacciona y se agacha corriendo, disimulando como quien va a recoger el cigarrillo, pero no le veo subir. Aprovecho para ponerme una camiseta ancha antes de asomarme a la ventana; una cosa es que él me haya visto, pero no quiero dar el espectáculo delante de los vecinos. Me asomo y saludo.

¡Hola!

– ….

¿Hola? Sé que estás ahí, y a mi me educaron con que hay que responder cuando te saludan.- Empieza a asomar tímidamente la cabeza. Al mirarme, parece aliviado al ver que tengo algo de ropa puesta.

– Ho…ho… hola

Oye, te parecerá tontería o una locura por mi parte, Pero el caso es que, después de tantas noches en esta situación, no te me antojas un extraño…. El caso es que es Viernes por la noche, mañana no trabajo, y supongo que tú tampoco, y pensaba ¿Por qué no me invitas a algo y nos conocemos? No tengo planes.- Titubea un poco, le veo algo nervioso, y antes que abra la boca, me da la sensación que le van a dar tres o cuatro infartos seguidos. Parece que por fin se van a despegar sus labios ahora que había logrado cerrar la boca.

– Va-va-va… ¡Vale! Bajo en un momento…. Espera… ¿No me estarás gastando una broma? ¿O no estarás pensando en llamar a la policía?

¡No seas tonto! Desde luego que no es mi intención. Mi propuesta es 100% sincera y verdadera. ¿Sigues aceptándola?

– ¡Vale!.- Digo con entusiasmo. – En seguida bajo

Tómate tu tiempo, que aún tengo que vestirme un poquito mejor para salir. Por cierto, ¿sabes cómo me llamo?

– María… – “¡Te conozco tanto!” Pienso para mí. Y sin palabras nos despedimos; ella a vestirse, yo apagando mi cigarro y disponiéndome a bajar para esperarla en su portal.

FIN

¿O no?

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